Exorcizando Silencios: Epistolí en La Maldita Vanidad

 ¿Y si usted pudiera enviar una carta con eso que nunca pudo decir, a quien no pudo decírselo? ¿qué escribiría? ¿dónde le gustaría que leyeran su mensaje? ¿lo firmaría con su nombre o usaría un pseudónimo?

Con esta propuesta nos recibió “Epsitolí”, un formato creado por Andrés Felipe Lugo, integrante del grupo capitalino “Impropio CTI”, el cuál se presentó en la temporada de la sala “La maldita vanidad”. Yo tenía gran expectativa por ver este formato que se estrenó en el Chasky Fest, la gira andina de la que el grupo participó el mes pasado y que contó con grupos de Colombia, Ecuador, Perú y Argentina; realizando funciones en más de cuatro ciudades en estos países.

Al inicio de la función el público recibe la invitación a llenar una postal con un mensaje “que no se hayan atrevido a decir”. La postal permite escoger el destinatario, escribir al mensaje, un escenario y hasta un seudónimo. El pasado miércoles el público se tomó muy en serio esta tarea. Fue así que la última postal le tomó sendos minutos a su autor, quien entregó su escrito a la urna como quien se deshace de una vieja deuda. De allí en adelante los actores improvisan el ambiente de una central de correos, donde un grupo de carteros decide fisgonear algunas de las postales que deben entregar, lo que da el pie para las cuatro improvisaciones que componen la función (contando claro está, la propia vida de esta central de correos).

Los actores del grupo Impropio que estaban en escena (Sandra, Leonardo, Pacho y Andrés Felipe) decantaron en escoger tres postales, una a una, en medio del hilo de la conversación de los carteros que representaban. Las convirtieron en tres historias que giraron en torno los deseos de las personas y las decisiones que toman para cumplirlos: aquellos que se callan por temor al rechazo social, los que se construyen en medio la relación con otros y aquellos que se frustran en la ambición ajena. Estas escenas nos dejaron en el recuerdo a una planta de apartamento, con un alto IQ emocional y a una misteriosa profesional del aseo forense con poderes psíquicos.

Epistolí

Como formato “Epistolí” logra generar expectativas durante todo el show (uno siempre querrá que su postal sea leída) y las historias que parten de las postales traen mucho de la carga emocional de sus autores reales (que miran desde público). De esta forma la escena se convierte también en una oportunidad para que el público pueda exorcizar esos silencios que se acumulan en el cajón de la cobardía o de la prudencia. Al finalizar la función es inevitable salir de la sala rastreando los ojos de las otras personas, buscando aquellos que se van con la alegría de haber cerrado un pendiente.

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